miércoles, 11 de junio de 2014

CAROL Y EL ROSAL

 Hola amigas, hace días que no paso por mi rincón. hoy lo hago para traeros un nuevo cuento. Espero que os guste un poquito:

CAROL Y EL ROSAL
Jacinto es un señor jubilado que vive de una pequeña pensión, pero es feliz.
Dedica el mayor tiempo del día a sus nietos y al pequeño huerto que tiene cerca de su casa. Allí cultiva las verduras y hortalizas que necesita la familia; hay también árboles frutales y un hermoso jardín. En primavera y en verano es una gozada pasear por este vergel.
                            

El sr. Jacinto tiene tres nietos. Carlos es el mayor, tiene 14 años y ya va al instituto; le sigue Inés, de diez años y, después, Carolina, a quien todos llaman Carol, que tiene 7 años. Esta es introvertida, pero muy cariñosa y está loquita por sus abuelos, le encanta verlos trabajar en el huerto y admira las bonitas flores del jardín.





Cuando Carol tiene fiesta de la escuela le gusta ayudar a su abuela María a cortar todas las flores secas de los rosales para que siempre luzcan hermosas sus rosas. Les habla cual si fuesen sus amigas. Todas las flores cuando la ven llegar desprenden sus aromas para darle la bienvenida.

                                


Hace tiempo que no llueve. El caudal del río que pasa por el pueblo empieza a bajar. La gente espera que no acabe la primavera sin que las nubes traigan el agua que empieza a escasear. Pero nada, los días pasan y no cae ni una gota.
El verano sigue siendo seco. Empieza a faltar el agua en las casas. Jacinto tiene que dejar de regar las flores. Lo importante es que no se pierda lo sembrado en el huerto, piensa. Así que las plantas se van secando, solo resisten tres vigorosos rosales.



Carol ve con tristeza cómo está todo de reseco.
-Abuelo, ¿riego un poco los rosales?
-No, Carol, no tenemos agua. Si la gastamos para las flores nuestros vecinos no podrán regar su huerto. De los frutos del huerto se come, mi niña, de las flores no. ¡Lo primero es lo primero!
                                                   



El rosal rojo y el amarillo van resistiendo pero, el más hermoso, aquel rosa fucsia que no tiene espinas y que huele tan bien, cada día se le ve más débil. La niña lo contempla con pena. ¡Le parece que el rosal le pide agua! Siente dentro de ella la sed del rosal.
¡Carol toma una decisión! Cada mañana sale un poco más temprano de casa y antes de ir al cole pasa por el huerto, le da los buenos días al rosal y le vacia su botella de agua. Le acaricia las hojas y le dice en voz baja:
-Es poquita el agua que te puedo dar pero más vale esto que nada. Si al menos lloviera…
Las rosas agradecen a Carol su cariño y esparcen alrededor de ella un suave perfume que tiene a todos muy intrigados.
Las semanas van pasando. El huerto también padece sed.
Sentada en su clase, Carol mira al cielo por la ventana. Ve pasar una pequeña nube. Con el pensamiento le habla así:
Ya sé que eres muy pequeña, nube, pero si llamas a tus hermanas podéis dejar caer una buena lluvia. Mi rosal se está muriendo de sed y el huerto de mi abuelo también. ¡No quiero que muera mi rosal!

                                 

La señora maestra le llama la atención:
-Carol, no te distraigas, aquí se viene a estudiar; si no pones atención, cuando te pregunte no podrás responder.
Con un suspiro la niña hace caso a la maestra… Más de repente, se oye un gran trueno y una fuerte lluvia empieza a regar la calle. Una emoción enorme llena el corazón de Carol… la nube ha llamado a sus hermanas.
Contenta y feliz, al salir de clase, siente que la lluvia moja su pelo y su cara. Sale corriendo para ir a visitar a su rosal, que al verla parece que sus marchitas rosas le sonríen con alegría.
                                        

 Y, aunque han pasado años, el rosal rosa fuerte que no tiene espinas todavía vive y sigue extendiendo sobre Carolina el suave perfume que a todos tiene intrigados.


Fin


Amigas, os estoy dando mucho la lata con tanto cuento. Haber si me reinvento y cambio de tema.
Muchas gracias por seguir visitando este rincón.
Hasta pronto.
reser

5 comentarios:

Piedad dijo...

Hola, Reser.
Nada de lata, tus cuentos son cada vez más bonitos, así que sigue con ellosporque además de ser historias muy tiernas y dulces, con un mensaje de reflexión, también con ellas aprendes a expresarte... Todos aprendemos aunque no nos lo parezca.
Pienso que todo el mundo tendríamos que escribir historias, cuentos... Igual que leer. Todo es enseñanza además de un buen ejercicio neurológico. Así que no te rindas, Jejeje.

Te dejo un fuerte abrazo.

rosa mis vivencias dijo...

Hola, Roser.
Sabes que es un placer leer tus cuentos o, relatos, cada uno de ellos tienen un mensaje que nos hace reflexionar, son historia muy bonitas, muy sensibles y para nada das la lata, al contrario. No dejes de escribir porque cada vez lo haces mejor. ENHORABUENA!!!!!!

Abrazos.
Rosa.

Conchi dijo...

Hola, Roser. Este cuento es muy bonito. Y yo poco más puedo añadir a lo que te han dicho Piedad y Rosa, estoy totalmente de acuerdo con ellas. Así que solo decirte que no dejes de escribir cuentos, y que ojalá todas nos pusiéramos a escribir como lo hacéis Piedad y tú.

Has elegido fotos muy bonitas y apropiadas para ilustrar el cuento.

Un fuerte abrazo, amiga.
Conchi

Piedad dijo...

Hola, Roser.
Paso a saludarte y desearte feliz verbena.
Ah, ¡no tires muchos petardos que hacen mucho ruido! Jejeje.

Abrazos.

piluca dijo...

Que bonitos cuentos Roser,
Hacia tiempo que no me pasaba por tu blog ,,
Un saludo y muchos besos