jueves, 24 de septiembre de 2009

MI PUEBLO (2)




Hoy propongo dos excursiones por dos lugares emblemáticos de la cadena montañosa de mi pueblo.El primero es la ermita de Collbàs. Es un paraje precioso. Recorrido que empieza en el parque fluvial, por los campos de cereales de Can Tito subiendo a los depósitos de agua, que hay un gran desnivel, des de allí se coge un camino entre campos y bosques de pinos y encinas pasando por una collada llamada El coll de la Llantia por la forma y tamaño que tienen sus piedrecitas, y sus fósiles, se llega a una gran explanada con grandes pinos y una ermita muy antigua con su posada, por desgracia su estado deja mucho que desear, pues en todos los sitios hay gamberros que hacen fechorías y no respectan el patrimonio que es de todos. Tiene un gran balcon sobre el donde se divisa a sus pies varios pueblos de la comarca. Es una excursión para hacer a pie, se puede llegar aquí des de varias rutas, esta que describo tiene una distancia de 5 km. Se puede hacer en un tiempo de 45 minutos.

La segunda propuesta es una zona llamada Els Esgavellats quiere decir “los estropeados.
Estas sierras se formaron en la era terciaria. En aquella época Catalunya era un mar interior al cual iban a parar todos los materiales que arrastraban los ríos, aquellos materiales fueron formando las masas de conglomerados que envuelven la depresión central.
En toda la cuenca de esta comarca se han ido encontrando restos de fósiles marinos depositados en ambientes litorales. En la zona “ del Esgavellats” se encuentran fósiles nummulitis, conocidos popularmente como lentejas.
Els Esgavellats es la zona que más sobresale de toda la sierra, y es nombrada así porque esta parte de la sierra esta como rota, como estropeada. Se encuentra muy escondida su recorrido es tortuoso y los amantes de este paraje lo describen como un laberinto natural donde se puede jugar a perderse. La distancia debe ser de 6 km., se hace el camino en 50mt. Dentro del Esgavellats se respira una quietud y una paz como en pocos lugares.
Así acabo por hoy, continuara!!!!!!! reser

jueves, 17 de septiembre de 2009

VIVIR EN UN PUEBLO





Vivir en un sitio u otro es cuestión de gustos, o de prioridades, hay quien vive en la ciudad y esta encantado pues tiene muchas ventajas, grandes parques, teatros, muchas salas de cine, muchos y buenos restaurantes, servicios públicos más o menos eficientes, salas de arte, grandes hospitales etc etc. Pero tienen tantos inconvenientes!, ruidos, inseguridad, prisas, falta de contacto con los
vecinos, etc. etc.
Yo soy de los que prefiere el pueblo. Me dirán udes. ¿Qué puede tener un pueblo que no tenga la ciudad? La verdad tiene pocas cosas, el mío no tiene ni cine, ni grandes superficies para ir de compras o a pasear. Esos días por cierto están muchas calles levantadas siendo un problema transitar por ellas, pero, ay tiene unas montañas al otro lado del río que son una bendición de Dios.
Por la parte norte y oeste solo tres puentes lo separa de otra ciudad más grande, pero por el sur y sudoeste pasa el río. Este río con los años se fue deteriorando hasta quedar medio muerto, a partir de los años noventa y pico el ayuntamiento y la generalidad pusieron todos los esfuerzos en recuperarlo dejando un parque fluvial con lago y puente que lo atraviesa, de este paseo gozamos todos los ciudadanos haciendo deporte o paseando
Al otro lado del río tenemos las instalaciones deportivas, campo de fútbol, Picina de verano,pistas de tenis pabellón polideportivo, etc. y de allí entre campos esta la cadena montañosa que acaba con un castillo del siglo 10 restaurado que pertenece a otro municipio. Es por esta montaña donde nos perdemos nosotros cada día, durante dos horas , ¡que delicia ¡ entre pinos, encinas, romeros…..de verdad, esto no lo cambio por nada del mundo.

Hoy lo dejo aquí ya iré contando cosas de mi pueblo, cosas buenas y no tan buenas
.

martes, 8 de septiembre de 2009

UN DÍA EN LA VIDA DE UNA MONJA

Religiosas misioneras. Son muchas, más de ochocientas mil, las religiosas que andan distribuidas por el mundo entero en ocupaciones distintas: cuidan enfermos, dan clases, viven en barrios obreros al lado de la gente, de sus preocupaciones y sus desgracias o dedican su vida a la contemplación. Las encontramos en las grandes ciudades, en los pueblos, en algún rincón de África, América o Asia. No hacen ruido. Trabajan. En la Iglesia los altos cargos los tienen los hombres. Pero estas mujeres, diversas, a veces ignoradas, pacientemente, con su vida dedicada a Dios y a los demás, son la savia que nutre la vida cristiana, el río de agua bienhechora. Como ejemplo, presentamos el relato de una jornada en la vida de Carmen Ferreté, religiosa misionera de Jesús-María en Guinea Ecuatorial.
Guinea Ecuatorial. Isla de Bioko. Malabo, barrio periférico de la ciudad. Barrio de aluvión, llega continuamente gente del interior en busca de mejores condiciones de vida. Casas de madera y chapa. Familias hacinadas. Un bar junto a otro. Podríamos decir un barrio de Cuarto mundo en el Tercer mundo.
Son las cinco de la mañana. Las luces de la casa de las Hermanas empiezan a encenderse. Se huele a café. Alguna más madrugadora lo ha preparado. El barrio duerme. Anoche la música no paró hasta bien tarde. La actividad en el barrio comienza cuando clarea, a las seis. Para las Hermanas es la hora de la serenidad, oración, reflexión. Una hora no “amenazada” por reclamos externos. A las seis y cuarto salida hacia la ciudad para la celebración de la Eucaristía. Encuentro con muchos cristianos, los de cada día. Los cantos no faltan en la celebración, no sería tal si no los hubiera. Encuentro con otras religiosas. Saludos cortos; todos vamos al trabajo.
Desayuno rápido. A unos minutos de la vivienda, el colegio. A las ocho de la mañana suena la campana, 330 niños y niñas forman en el patio. Suena el himno de Guinea mientras se iza la bandera. Con mucha seriedad escuchamos, día tras día, aquella estrofa: “Tras dos siglos de estar sometidos a la dominación colonial, en perfecta unión y fraternidad cantemos libertad”. ¿Saben lo que cantan? ¿Conocemos lo que cantan? Los sentimientos se entremezclan. La historia es la historia. Triunfa el deseo de no repetir lo que ha podido hacer daño. Eduquemos en libertad y responsabilidad.
Niños y niñas de siete y ocho años, sonrientes y contentos: “Hermana, ¿me llamas hoy para leer?, ¿me toca hoy?” Sentimiento de cercanía, cariño y de poder despertar, en esas personitas en crecimiento, el ansia de superación. Hoy una pequeña, con dificultad en pronunciar “casa”, “caramelo” (decía “tasa”, “taramelo”), me dice con gran satisfacción, “mira ya sé decir casa, caramelo, queso”. ¡Bravo, tú llegarás!
Casi cada día un niño a 40 de fiebre, una pequeña con diarrea; hay que correr al hospital. ¡La sanidad! ¡Qué preocupación! El barrio está rodeado de basuras. Un desguace de coches al lado del colegio. Cartas al Ayuntamiento. Los mayores de quinto sensibilizados escriben a la alcaldesa. “¡Queremos llegar a mayores, la basura mata!, ¿puede hacer algo?” ¡Qué impotencia la de todo el barrio!
La misionera no nace, “se hace”. Día a día el contacto con una población que intenta sobrevivir, que lucha por un trabajo digno, que vive, o malvive, va golpeando el corazón y lo transforma hasta sentir que vamos haciendo, juntos, un camino de fraternidad. Hay días que es más fácil rezar a Dios diciendo “¡Padre!”, que decir “nuestro”. Una mirada alrededor te interpela. ¿Cómo hacer para que el Evangelio de Jesús, sea una buena noticia que libere?
La ciudad es otra cosa, hay limpieza, orden, se nota que hay petróleo, el barrio es el olvidado, el que desborda todas las previsiones, donde no llega ni el petróleo ni, casi, la electricidad. En la casa de las Hermanas es un continuo entrar y salir: llamadas, consultas. “Hermana, ¿me das unos limones?”, “hermana, quiero encargar una misa para mis difuntos”, “hermana, toma estas papayas, ¡tenéis forasteros!”, “hermana, el sábado no estaré, voy al pueblo, tengo defunción”.
Es la una y media, hora de la comida. Se cocina a la española o a la guineana, según la hermana que la hace. Plato único. Momento de encuentro fraterno interrumpido a menudo por llamadas a la puerta (los horarios, a veces, no coinciden).
Las tres de la tarde. Hoy me toca estudio con las internas. La residencia de las chicas al lado de la casa de la comunidad. Jóvenes de Bachillerato, de cuarto a último curso, que estudian en diversos colegios. “Carmen, mañana me toca filosofía, o literatura, o francés, ¿me puedes ayudar?” Y piensas, en estas jóvenes de 17, 18 años, ¿podrán llegar a cubrir sus aspiraciones de ser mujeres respetadas, cultas, agentes de cambio en la transformación de la sociedad? ¡Es un reto y un objetivo prioritario para nosotras! Cuando a las siete y media de la tarde acuden a rezar, las que quieren, la oración y el deseo se hacen intensos. ¡Señor, ayúdalas, acompáñalas!
La cena, un bocadillo. Es el final de la tarde, el momento de compartir, de descansar, de reír juntas, de comentar los incidentes de la jornada, lo que pasa, lo que dice la gente; es el momento de ver las noticias del país; de constatar, muchas veces, la impotencia ante las situaciones que se viven; de soñar nuevas maneras de hacer. Termina un día lleno, vivido intensamente; tocado por muchas situaciones humanas.
Sobre las diez de la noche la casa va quedando silenciosa. Otro momento para la serenidad, la relectura del día, situar cada acontecimiento donde corresponde, confiar, agradecer lo vivido, sobre todo las personas con las que has tratado. ¡Se aprende tanto de la gente! En verdad, la gente, el proyectar juntos, es lo que te retiene en el país. Fuera, en el barrio, la música de los bares suena sin parar; te acostumbras, casi te arrulla.
(Fuente: Revista El Ciervo, nº 649, abril 2005)
26 Agosto 2009, 18:05