







¡Qué fuertes son! Los pequeños ponis y los leoncitos también corren juntos. Todos se hacen bromas riendo felicesDurante un par de meses en el blog de Compartirexperienciasyaprender (nuestra plaza de la amistad) no hemos dedicado a escribir cuentos, nuestra amiga Conchi los iba poniendo en su blog sin el nombre de autor/a. Actualmente estamos en la fase de adivinar de quien es cada uno. De verdad que nos lo pasamos fenomenal.
Cuando empece a escribir los míos recordé uno que les explicaba a mis nietos cuando eran más pequeños y de quedaban en casa a dormir
Al mayor le gustaban los cuentos de miedo, cuando le tocaba elegir a él siempre me pedía el mismo. Como era inventado a veces iba cambiando la trama, entonces el pequeño que estaba con la cabeza tapada con la sabana me decía: "yaya, eso no era así" ja ja y me corregía.
Hoy hago la entrada con dicho cuento:
EL MONSTRUO DE LAS CUATRO CABEZAS
Eran tiempos en que convivían seres fantásticos y humanos.
En un país cuyo nombre no recuerdo, Vivian aterrorizados por un monstruo que arrasaba todo lo que encontraba a su paso si su gente no le daba lo que les pedía.
El monstruo era una gran serpiente con cuatro grandes cabezas, de sus ojos salían llamaradas de fuego.
Un día se presentó delante del reí diciéndole:
--Mira si no quieres que destruya todo tu pueblo y a toda tu gente, acepta este tracto: Cada año me darás a una doncella que durante el cual haya cumplido 18 años. La llevareis al bosque y la dejareis atada en un árbol para que yo la recoja y me la lleve. Si alguien me ataca destruiré todo el pueblo.
El reí y los consejeros aterrorizados aceptaron con la condición que fuese solo una muchacha cada año.
Así que cuando llegaba el día se hacia el sorteo entre las mocitas del pueblo para ver a quien se sacrificaba y los padres de la infortunada lloraban mientras los soldados se llevaban a su querida hija. Nadie se atrevía a desobedecer al monstruo, y así fueron pasando los años.
Se acercaba de nuevo la fecha de la entrega, se reunieron los consejeros y le dijeron al reí:
--Majestad, este año solo vuestra hija ha cumplido 18 años, debéis entregarla a la serpiente.
--No, mi hija no. Solo la tengo a ella.--Decía desconsolado el rey
--Señor, a muchos padres les ha pasado lo mismo, yo mismo entregue a mi hija hace dos años. Vos debéis hacer lo mismo sino todos moriremos.
--Mandare a matar al monstruo!! Dad ordenes que salgan los mejores tiradores de reino . El que venga con tan solo una cabeza de la serpiente se casará con la princesa.
Salieron los mozos más valientes, pero pasaron las semanas y no volvían. La princesa que sabía la suerte que le esperaba lloraba desconsolada aunque comprendía que debía cumplir con el deber de salvar un año más a su pueblo. Muchas jóvenes habían dado la vida y ahora le tocaba a ella.
Una tarde estaba sentada junto a la ventana cuando vio llegar un apuesto joven en un caballo negro como la noche sin luna. Se cruzaron sus miradas y en sus corazones ardió el fuego del amor. El joven llegaba atraído por el infortunio de las jóvenes de aquel reino. Hablo con el reí diciéndole:
--Señor, estoy dispuesto a enfrentarme con la serpiente y vencer.
--Hijo, quiero que sepas que muchos hombres fuertes y buenos arqueros ya partieron en busca de ella y jamás regresaron. Que te hace pensar que tú vas a poder vencerla.
--Señor, dejar que lo intente, vuestra hija y yo nos hemos enamorado, si ella ha de morir yo también.
El día señalado llevaron los soldados a la princesa al bosque, la ataron en un árbol.
En la solitud de aquel bosque para tranquilizarse pensaba en las últimas palabras de su amado –Yo estaré cerca!!
De repente los animales corrían, los pájaros callaron, un silencio se sentía en el bosque, allá a lo lejos se veían caer matojos y arbustos entre la selva retumbaban ahora unos rugidos ensordecedores. Allá entre los arboles asomaban las horribles cabezas con sus ojos de fuego y la princesa aterrorizada pensaba --¿ Donde esta mi salvador? . Cerraba los ojos para no ver como se acercaba y pedía a Dios que se acabara pronto su tormento.
La princesa con los ojos cerrados ya sentía el aliento del animal. De pronto algo muy pesado cayó al suelo. Ya no sentía la respiración. Pasado unos interminables minutos abrió los ojos, allí a sus pies estaba muerta la serpiente de las cuatro cabezas. Junto a ella con la espada hundida en el corazón del animal estaba el joven enamorado que había conseguido librarla a ella y a todo su reino de la maldad y el terror.
El joven había esperado al monstruo al pie del árbol donde estaba atada la princesa, tapado con ramas y hojarasca. Él sabia que la serpiente solo estaría pendiente de la princesa y no repararía en él y así fue como con su astucia venció
Los jóvenes se casaron y al paso de los años reinaron con bondad y sabiduría siendo muy felices
Fin
Al acabar fuertes besos, la luz apagada y a dormir
Amigas, gracias a todas por vuestro tiempo. Hasta otra.
reser
Un hombre joven que estaba mal de salud consultó con los médicos más famosos y eruditos del país. Después de hacerle muchas pruebas complicadas y complejas, le dijeron que padecía una enfermedad muy rara y que sólo le quedaban unas semanas de vida. Le informaron que su única esperanza residía en consultar a un anciano que sanaba a quienes padecían las enfermedades más incurables. El anciano, según dijeron, vivía en la cumbre de la montaña más alta, en el lugar más escabroso e inaccesible del país.
El joven se sentía extremadamente débil por la larga enfermedad. Sus piernas estaban delgadas, su torso frágil y enjuto; sin embargo, tenia una firme voluntad de vivir. Con la ayuda de familiares y amigos, preparó un pequeño morral con provisiones. Lo trasladaron hasta al pie de la montaña, justo hasta el nacimiento de un sendero bordeado de zarzas. Era pleno verano. El sol, abrasador. El joven arrancó unas pocas zarzamoras, se las llevo a la boca y, con sensación de fatiga y decisión, emprendió el ascenso.
Los primeros días fueron arduos y desalentadores para él. Su mente estaba resuelta, pero su cuerpo se resistía. Le resultaba difícil respirar: parecía que el aire que reunía en los pulmones nunca le alcanzaba hasta la siguiente inhalación. Le dolían los pies por la falta de costumbre; estaban hinchados y sensibles por las piedras afiladas que los presionaban a través de los delgados zapatos. Pero persistió. Trepaba unos metros más cada día, chupaba zarzamoras y remojaba los pies doloridos en el agua fresca del arroyo que corría paralelo al sendero. Cada vez que se detenía para aliviar sus pies cansados, también se salpicaba la cara y los ojos con agua fresca. Poco a poco esta rociada se transformo en uno de sus mayores placeres; después siempre se sentía vigorizado y se revivía su entusiasmo por el viaje. Prosiguió así, reuniendo fuerzas lentamente, hasta que unas semanas más tarde logró recorrer algo más de un kilómetro diario.
Para entonces, casi no le quedaban provisiones, ya que ni él ni su familia se les había ocurrido que el trayecto sería tan largo y escabroso. Las primeras semanas, cuando todavía estaba cerca de la civilización, a veces encontraba a algún pastor de cabras que le daba un poco de queso y pan. Pero no era muy frecuente, y luego no vio a nadie. Por necesidad comenzó a recoger alimentos silvestres: verduras,frutos secos,bayas y frutas. Al principio se sentía medio muerto de hambre por esta dieta tan severa, mas al fortalecerse notó que si masticaba más tiempo los alimentos, éstos resultaban más nutritivos. Bebía abundante agua fresca, que le ayudaba a satisfacer el hambre y le nutría.
A un ritmo gradual, casi imperceptible, los días se extendieron en semanas y meses. Por fortuna, el joven llevaba ropa extra, ya que los días eran más cortos y frescos, y debía moverse para mantener el calor corporal. A medida que se aproximaba el invierno, comenzó a dormir en cuevas o en troncos huecos, y llegó a ser muy hábil para encontrar un refugio abrigado y seco para pasar la noche. Como éstas eran frías y por lo general tormentosas, se acostaba temprano y se ponía en camino con las primeras luces.
El sendero, que antes había sido tan fácil de seguir, ahora estaba cubierto de plantas silvestres y barro resbaladizo . Bajo condiciones tan difíciles, el joven se forzado a confiar cada vez más en sus instintos.
Se convirtió en un observador sagaz de las plantas y de los animales que compartían esta ermita aislada; aprendió a saber cuando habría tormentas por la aroma del aire; de reconocer los hábitos de ciertos insectos y animales al observar las alteraciones y los cambios sutiles de la vegetación; a caminar quedamente,casi sin producir sonido alguno, para no asustar a esos animales con su presencia; también aprendió que si se frotaba la piel y la ropa con ciertas plantas silvestres, el olor de su cuerpo se semejaba más a la montaña.
El invierno transcurrió lentamente y dio paso a la primavera.
El joven nunca había pasado tanto tiempo solo; sus únicos acompañantes eran los animales cuyo rastro seguía y un pájaro amistoso que parecía escoltarle montaña arriba. Cada tanto su mente evocaba a la familia y a los amigos, pero el trabajo diario de escalar y sobrevivir le mantenía demasiado ocupado para dedicarle mucho tiempo al pasado. En los momentos de duda o frustración pensaba en el anciano que moraba en la cumbre de la montaña y que podría curarle. Esta visión le proporcionaba inspiración constante para continuar el arduo trayecto
La cumbre de la montaña era plana como la tabla de una mesa y parecía ser un refugio para halcones, que deban vueltas por encima, subían a gran velocidad flotando en las corrientes del aire caliente, luego bajaban con lentitud y descendían otra vez. Eran tan serenos y ligeros como el viento, y el joven pasó mucho tiempo tendido de espaldas, contemplando cómo ejecutaban esa hermosa danza.
La nubes, esplendidas y esponjosas, flotaban y a través de él,hasta que comenzó a sentirse tan próximo a los cielos como distante de la tierra. Fue un momento de silencio y reflexión.
La tabla no era extensa. La recorrió en todas direcciones, miró detrás de las rocas y los matorrales, y gritó con todas sus fuerzas para que el anciano que él había ido a consultar supiera que había llegado. Más no había signos de vida, sólo el eco de su propia voz, que rebotaba en las rocas y regresaba misteriosamente a sus oídos. De hecho, no existían indicios de que alguien hubiera vivido antes allí; no encontró un refugio, huellas, nada que indicara que la tierra o la vegetación hubiesen sido alteradas por la presencia del hombre.
Primero el joven se sintió irritado y muy decepcionado; maldijo al anciano por no estar allí y golpeó los pies con furia contra la tierra endurecida. Se había esforzado tanto por llegar y ahora no había nadie con quien consultar, nadie que le curara de su terrible enfermedad. Pero al cabo de unos días de infructuosa búsqueda y preocupación, dejó de pensar tanto en el anciano y reflexionó sobre la calma y la serenidad que sentía en ese momento. Esa sensación era novedosa, algo que jamás había experimentado. La vida allá abajo había estado cargada de tanto sufrimiento y estrés, y el viaje había sido tan largo y difícil, que fue un gran alivio relajarse y disfrutar de la tranquilidad de la montaña. Además,estaba demasiado ocupado para meditar mucho tiempo sobre su decepción o soledad. Tenía que buscar alimentos todos los días; descubrió una colmena de abejas silvestres en un tronco; extrajo un poco de miel, y les dejó abundante cantidad para el invierno. Secó grosellas y zarzamoras; construyó una choza con ramas y tepes.
Así fue transcurriendo una estación tras otra.
El pasado se transformó en presente, y pronto sólo recordaba aquel a través de ciertos incidentes en la montaña: la primavera en que vio un avión a lo lejos; el verano que un enjambre de abejas se posó sobre la rama de un pino; el otoño en que el ciervo comenzó a comer se sus manos; el invierno que construyó un iglú; el mismo invierno durante el cual varios ciervos murieron de hambre. La vida no era fácil, pero sí plena: aunque él no la hubiera elegido, aceptó la situación y el hecho de que era la suya.
Un día muchos años después, el joven oyó voces humanas en la ladera de la montaña. Se sintió muy emocionado y corrió en todas direcciones para dilucidar de dónde procedían las voces e imaginar a quienes pertenecían.
También sintió temor. Estaba tan acostumbrado a los sonidos del viento y los cantos de los pájaros, que los ruidos que ahora llegaban a sus oídos le resultaban extraños y aterradores. Había pasado mucho tiempo sin pronunciar palabras, aunque era capaz de imitar a casi todos los pájaros y de oír, oler y percibir prácticamente cualquier cosa que ocurriera en la cima de la montaña.
Las voces se volvieron más fuertes y claras. El joven comenzó a pensar en su apariencia. ¿Que aspecto tenía?. Hacía años que no se afeitaba ni se daba un buen baño. ¿Su aspecto desaseado asustaría a esas personas?. Corrió al manantial, se aclaró todo el cuerpo con agua fresca y se acomodó el pelo hacia atrás con los dedos. A pocos pasos del burbujeante manantial se extendía una pequeña laguna, donde un tejón había construido un dique con barro y ramas. Avanzó hacía la laguna a toda prisa, se inclinó y contempló su propio reflejo en el agua apacible y silenciosa. 'Cuánto había cambiado! Su cuerpo se veía firme y curtido por los prolongados inviernos en la montaña. Estaba esbelto como una gacela, y su piel era tan brillante y clara como el arroyo. Su cabello, largo y enredado, le llegaba hasta casi la cintura. Su rostro estaba oculto detrás de una barba gris enmarañada, que acumulaba ramitas y desperdicios, como si se dispusiera a albergar el nido de un pájaro.
Cuando regresó a la choza, los extraños ya se encontraban allí, sentados fuera, sobre las grandes rocas. No dijeron nada; durante unos minutos los viajeros y el anciano sólo se miraron , compartieron el silencio de la montaña , la danza del viento, la música que susurraban los árboles. Los viajeros le ofrecieron algunas provisiones especiales de allá bajo y observaron divertidos mientras él probaba, olía y frotaba cada cosa como si fuera una piedra preciosa.
Luego le relataron la historia de su propio viaje, largo y difícil, hacía la cumbre de la montaña: cómo habían emprendido la ascensión muchos años antes, débiles y a punto de morir, con la esperanza de encontrar al famoso anciano que podría curarlos de sus terribles dolencias. Y ahora, por fin, después de tantas penurias y sufrimientos, estaban aquí, rebosantes de júbilo por haber hallado a este anciano del que tanto habían oído hablar, que tan famoso era por curar enfermedades incurables. Aunque ahora, por fortuna, no necesitaban sus servicios,ya que el largo y difícil viaje les había restituido la salud perfecta.
Cuento extraído del libro " El arte de vivir bien" de Svevo Brooks
Deseo , amigas que paséis por aquí, que os guste. Gracia a todas!!
reser
siempre que miraba por la ventana, veía en la lejanía , el gran castillo. Sabia que estaba habitado. Contaban infinidad de rumores sobre sus dueños. Que si eran magos, si traficantes de armas y personas, incluso que si eran científicos haciendo terribles experimentos. Nadie los conocía. El castillo estaba ubicado en la cima de la montaña entre bosques al que se llegaba por caminos poco transitados. Eran los años cincuenta y la gente era muy supersticiosa.
Jorge estaba obsesionado con el castillo. Por las noches desde su cama divisaba las luces y se preguntaba quien serian sus habitante. Su familia no hablaban nunca de ellos, cambiaban de tema en cuando él les preguntaba.
Una tarde se encontró caminando por el camino que atravesaba el bosque. La sombras de la noche hacían acto de presencia, sus padres estarían intranquilos. Volvió sobre sus pasos pensando que ya iría otro día.
Era fin de semana. Jorge le dijo a sus padres que iba de acampada con unos amigos. Se preparó la mochila con bocadillos y agua. Con decisión se encaminó hacía el bosque.
A media tarde llegó a la falda de la montaña. Subió el gran desnivel hasta alcanzar el bosquecillo que rodeaba al castillo. Era ya de noche. Se dispuso a descansar y dormir allí mismo.
Las luces de la mansión estaban encendidas. Una figura iba y venia detrás de la ventana. La curiosidad le llevó hacia el patio. Se acomodó entre los arbustos .
No podía dormir, admiraba la elegancia y la grandiosodad de aquella casa ¡afortunados los que allí vivían!. De repente en la ventana aparece una nueva sombra. Parece que discuten. Dios ¡un cuchillo, le ha clavado un cuchillo!! Siente el grito!. Tiene que hacer algo. Lleva un silbato colgado del cuello y sin pensárselo lo sopla con fuerza. Va corriendo hacia la casona gritando:-- Ya vamos señor. Pensó que si el malhechor creía que iban varios huiría.
Alguien sale corriendo. El chico entra por la puerta que ha dejado abierta el hombre que se ha dado a la fuga.
En el suelo, un hombre, un viejo, esta tendido todo ensangrentado.
–.Señor, señor, ¿me oye?.
--Quien eres tu? ¿de donde sales?
--No se preocupe señor, ¿como está? Voy a buscar ayuda, pero antes haber si puedo parar la hemorragia. ¿Tiene vendas?
Sergio fue a buscarlas donde el anciano le indicó. Limpió y taponó la herida con destreza por algo estaba haciendo módulos de enfermería. Ahora si llamaría al medico.
Mientras esperaban, el anciano lo contó que vivía solo desde hacía muchos años.
--¿No tiene hijos? En el pueblo nadie habla de ud.
El hombre calló, no sabia si debía confiar al chico sus pesares, sus remordimientos y todo debido a su orgullo.
--Ay.. hijo me veo solo por mi orgullo, por mi ofuscación. Tengo.. tenia una hija hermosa como una flor. Se enamoró de un don nadie y la eche de casa. Nunca más la he visto. Desde entonces estoy solo, los sirvientes también marcaron. ¡Cuanto lo siento! Tal vez muera sin volverla a ver, sin poder pedirle perdón. Gracias a ti estoy vivo todavía.
Llegan los médicos, se lo llevan al hospital, Jorge va con él .
Adriano ,que así se llama el hombre, debe quedarse ingresado ya que perdió mucha sangre. A la mañana siguiente al ser de día, Jorge se marcha diciéndole que volverá a verle.
Al llegar a casa les cuenta a sus padres lo ocurrido. Los padres se miran inquietos, callados. En sus caras hay miedo, angustia. Jorge no ha visto nunca así a sus padres ¿que les pasa? ¿sera que están enfadados porque les dijo una mentira? Ellos no hablan.
Cada día cuando sale del instituto se llega al hospital para hacer compañía al anciano. Más tarde toma el autobús para ir a casa que esta a diez kilómetros.
En sus horas de conversación, Jorge la explica el porque se encontraba aquel día en su jardin, la fascinación que siempre ha sentido por el castillo, que había mentido a sus padres para poder subir..
Adriano, está a punto de salir del hospital. De pronto le dice al joven :
--Chico, todavía no sé a donde vives ni quienes son tus padres y familia. Quisiera conocerla para decirles lo muy agradecido que te estoy. Quisiera que aceptasen que me hiciese cargo de tus estudios. Sabrás que tengo gran fortuna y a nadie a quien dejarla .
__ Mi madre se llama Isabela y mi padre Manuel, señor, no tengo hermanos, ni abuelos.
Adriano queda pálido como la cera. No puede ser!
--Señor,¿que tiene, que le pasa?
--¿Como es posible? -- Llora el hombre—Les has contado a tus padres lo nuestro? ¿que te han dicho?.
--Si les conté que le habían asaltado y que cada día vengo al hospital. No dicen nada. Es muy extraño, solo se miran y se les ve tristes.
Habían pasado dos semanas desde los hechos. Adriano abandona el hospital. En un taxi se presenta en casa de Jorge. Cuando Isabela abre la puerta, mira al hombre.
--¿Puedo pasar hija?. Perdón por todo el mal que os he hecho. Perdón por los años que han pasado sin venir. Perdón por no comprender tu amor por Manuel. Si no lo haces lo comprenderé. Dios me envió a mi nieto para salvarme la vida. Soy un viejo egoísta, si no quieres saber de mi lo entenderé.
Isabela conmovida abrazó a su padre y así les encontró Manuel y Jorge al entrar en casa.
Fin
EL SUEÑO DE ÁGUILA AZUL
En un pequeño poblado indio nació un niño de una pareja que se quería muchísimo.
Era un pueblo oprimido por el cacique de la nación, había prohibido sus ritos, su lengua y sus tradiciones.
Para que el pueblo se extinguiera, el cacique, animó a los habitantes de otros pueblos con otra cultura y otra lengua a que fueran a vivir al pequeño poblado y así dejar mermado al sus habitantes.
Estrella Brillante y Ciervo Veloz, que eran los padres del recién nacido al que habían puesto por nombre Águila Azul hacían esfuerzos para que su cultura no desapareciera enseñando a los niños todo lo que sus padres les habían enseñado a ellos.
Muchos de los recién llegados al poblado se integraban y llevaban en secreto a sus hijos a la escuela de Ciervo Veloz.
Luchando pacíficamente consiguieron con los años que fueran reconocidos sus derechos y que sus tradiciones afloraran fortaleciéndose. Pero les quedaba mucho por hacer ya que económicamente les seguían discriminando, pues tenían que entregar casi todo lo que producían a los demás pueblos y cada día estaban más asfixiados.
Pasaron los años y Águila Azul se hizo mayor convirtiéndose en el jefe de la tribu y como tal participaba en todos los encuentros de la asamblea de la nación exponiendo los problemas de su pueblo: la falta de recursos para los campos, la desaparición del ganado, la falta de plantas medicinales para el hechicero, etc. Algo había mejorado sobre todo en la lengua,que a pesar de que en el pueblo se hablaban varios idiomas todos se entendían y vivían en paz.
Como la gente que vivía en el poblado era muy trabajadora eran el motor de la nación hasta que una gran crisis y más emigración dejo el poblado otra vez casi en la miseria. Había familias que pasaban hambre porque la pesca y la caza estaban casi agotadas, a las escuelas les faltaban recursos, en los pequeños hospitales que habían creado también, estaban ahogados por los impuestos a que estaban sometidos por los nuevos caciques, no ven el fin de sus males ya que un malvado le daba por decir, que todo el mal era de los pueblos minoritarios, para crear enemistad de los demás pueblos contra ellos y así ganar votos para salir elegido como gran jefe.
El pueblo no se rinde, a pesar de que está oprimido intenta luchar pacíficamente para salir adelante, cada día son más los que siguen a Águila Azul.
Tan desesperados están que deciden hacer una marcha por todas las tierras y llegar más allá de donde los ríos los caminos y montañas se unen en grandes naciones y exponer a los grandes jefes sus reivindicaciones de “libertad y justicia”. Son escuchados y se vuelves a sus hogares con la esperanza que
Fin
Hasta pronto
reser