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miércoles, 11 de junio de 2014

CAROL Y EL ROSAL

 Hola amigas, hace días que no paso por mi rincón. hoy lo hago para traeros un nuevo cuento. Espero que os guste un poquito:

CAROL Y EL ROSAL
Jacinto es un señor jubilado que vive de una pequeña pensión, pero es feliz.
Dedica el mayor tiempo del día a sus nietos y al pequeño huerto que tiene cerca de su casa. Allí cultiva las verduras y hortalizas que necesita la familia; hay también árboles frutales y un hermoso jardín. En primavera y en verano es una gozada pasear por este vergel.
                            

El sr. Jacinto tiene tres nietos. Carlos es el mayor, tiene 14 años y ya va al instituto; le sigue Inés, de diez años y, después, Carolina, a quien todos llaman Carol, que tiene 7 años. Esta es introvertida, pero muy cariñosa y está loquita por sus abuelos, le encanta verlos trabajar en el huerto y admira las bonitas flores del jardín.





Cuando Carol tiene fiesta de la escuela le gusta ayudar a su abuela María a cortar todas las flores secas de los rosales para que siempre luzcan hermosas sus rosas. Les habla cual si fuesen sus amigas. Todas las flores cuando la ven llegar desprenden sus aromas para darle la bienvenida.

                                


Hace tiempo que no llueve. El caudal del río que pasa por el pueblo empieza a bajar. La gente espera que no acabe la primavera sin que las nubes traigan el agua que empieza a escasear. Pero nada, los días pasan y no cae ni una gota.
El verano sigue siendo seco. Empieza a faltar el agua en las casas. Jacinto tiene que dejar de regar las flores. Lo importante es que no se pierda lo sembrado en el huerto, piensa. Así que las plantas se van secando, solo resisten tres vigorosos rosales.



Carol ve con tristeza cómo está todo de reseco.
-Abuelo, ¿riego un poco los rosales?
-No, Carol, no tenemos agua. Si la gastamos para las flores nuestros vecinos no podrán regar su huerto. De los frutos del huerto se come, mi niña, de las flores no. ¡Lo primero es lo primero!
                                                   



El rosal rojo y el amarillo van resistiendo pero, el más hermoso, aquel rosa fucsia que no tiene espinas y que huele tan bien, cada día se le ve más débil. La niña lo contempla con pena. ¡Le parece que el rosal le pide agua! Siente dentro de ella la sed del rosal.
¡Carol toma una decisión! Cada mañana sale un poco más temprano de casa y antes de ir al cole pasa por el huerto, le da los buenos días al rosal y le vacia su botella de agua. Le acaricia las hojas y le dice en voz baja:
-Es poquita el agua que te puedo dar pero más vale esto que nada. Si al menos lloviera…
Las rosas agradecen a Carol su cariño y esparcen alrededor de ella un suave perfume que tiene a todos muy intrigados.
Las semanas van pasando. El huerto también padece sed.
Sentada en su clase, Carol mira al cielo por la ventana. Ve pasar una pequeña nube. Con el pensamiento le habla así:
Ya sé que eres muy pequeña, nube, pero si llamas a tus hermanas podéis dejar caer una buena lluvia. Mi rosal se está muriendo de sed y el huerto de mi abuelo también. ¡No quiero que muera mi rosal!

                                 

La señora maestra le llama la atención:
-Carol, no te distraigas, aquí se viene a estudiar; si no pones atención, cuando te pregunte no podrás responder.
Con un suspiro la niña hace caso a la maestra… Más de repente, se oye un gran trueno y una fuerte lluvia empieza a regar la calle. Una emoción enorme llena el corazón de Carol… la nube ha llamado a sus hermanas.
Contenta y feliz, al salir de clase, siente que la lluvia moja su pelo y su cara. Sale corriendo para ir a visitar a su rosal, que al verla parece que sus marchitas rosas le sonríen con alegría.
                                        

 Y, aunque han pasado años, el rosal rosa fuerte que no tiene espinas todavía vive y sigue extendiendo sobre Carolina el suave perfume que a todos tiene intrigados.


Fin


Amigas, os estoy dando mucho la lata con tanto cuento. Haber si me reinvento y cambio de tema.
Muchas gracias por seguir visitando este rincón.
Hasta pronto.
reser

lunes, 10 de febrero de 2014

NOCHE DE NIEBLA

Hola amigas, mis niños ya se han hecho mayores. Ya no quieren escuchar cuentos, pero yo me resisto a dejar de contarlos.
Este es el último que he escrito. Haber que os parece.

Como cada mañana,  Bea, Lina y María se encuentran en la entrada de la escuela. Las tres tienen 8 años, van  a la misma clase y son grandes amigas. En el patio siempre juegan juntas, aunque participan también en los juegos colectivos con los demás niños y las demás niñas de su curso.
El sábado es el cumpleaños de Lina. Como cada año las invita a la fiesta en el jardín de su casa y se quedan a dormir con ella. Las chicas están excitadas esperando ese día.  Le llevarán un bonito regalo.
Por fin llega el sábado. María, le entrega un libro que explica cómo sobrevivir en el bosque y Bea, un juego de magia.
¡A Lina le encantan estos juegos!
Las tres niñas pasan una tarde estupenda corriendo y saltando con tantos amigos y amigas.
Acabó la fiesta. Por la noche, después de cenar, contentas y cansadas, se retiran al dormitorio de Lina con el libro y el juego de magia para verlos más detenidamente.
Al abrir el juego se dan cuenta que la caja está dividida en varios departamentos con una cajita en cada uno y con una especie de manivela. Les llama la atención uno de los departamentos que pone  “noche de niebla”. Cogieron la cajita y le dieron a la manivela…
De pronto, empezó a envolverles una niebla que a medida que pasaba el rato era más espesa. Las tres niñas empezaron a sentir miedo. María apretaba el libro contra el pecho y Lina la cajita que había cogido del juego de magia. Tenían la sensación que ya no estaban en la casa. Entre la niebla les pareció ver de pronto la silueta de unos árboles muy altos. ¡Ahora sí que las paralizaba el terror! ¿Qué pasaba? ¿Dónde estaban? María tuvo una idea:
-Miremos el libro—dijo-, tal vez nos dé ideas para salir de la niebla.
Sentadas en el suelo, a pesar de la poca luz, fueron pasando las páginas para ver si encontraban alguna salida.
-Mira, mira, aquí habla de cómo salir. Si tuviéramos una brújula nos sería más fácil.
-Espera -dijo Bea-, a ver qué hay en la cajita.
Lina abre la caja y… ¡sí! Allí hay un aparato que parece…
-¡Una brújula! Pero… ¿cómo funciona?  
María mira el libro, quizá explique algo.
-No sabemos dónde estamos ni dónde está la casa… Ayy, se siente ruido por allá.
Las tres corren a escodarse detrás de un árbol, abrazadas. ¡Están temblando!
Delante de ellas hay un animal parecido a un canguro pero más grande. Las mira:
-Hola ¿Quiénes sois? ¿Os habéis perdido en la niebla?
Las niñas, aterradas, no se lo pueden creer, ¡un gran canguro que hablaaa!

Le explican la situación. El canguro mirándolas sonriente les dice:
-Mirad qué dice el libro.
Las niñas lo miran.
-Dice que te sigamos… ¿Cómo sabe …
-No hagáis tantas preguntas y venid conmigo que tendréis una sorpresa- decía el animal.
Las tres chiquillas, muertas de miedo, lo siguen.
Al poco salen de la niebla, ¡que sorpresa!
 Delante de ellas se extiende un verde valle con un río. 

Muchos animales juegan alegres. Al verlas, van todos a dar la bienvenida a las recién llegadas, las invitan a jugar y a bañarse en el río.





Aquí todos se divierten. Las tortugas llevan en sus caparazones a gatos, cerditos y ratas.





 ¡Qué fuertes son! Los pequeños ponis y los leoncitos también corren juntos. Todos se hacen bromas riendo felices
 ¡
Ya no tienen miedo. ¡Todo el paisaje es precioso! Están viviendo una aventura increíble. Cuando lo expliquen en casa no las van a creer.


-Venga, chicas. Buen día, hay que levantarse. ¿Cómo habéis dormido?
Las tres niñas se miran…Ohh ha sido un sueño, pero… ¿habrán soñado lo mismo las tres? Cogen el libro, lo abren… Allí estaba la aventura de aquella noche.
¡Se abrazan!  Las tres han tenido el mismo sueño. Era como si lo hubiesen vivido. Solo ellas sabrían la experiencia de que aquella noche. ¡Sería su secreto!


Fin

Gracias a todas las que pasáis por aquí sin vosotras no tendría sentido este blog.
Hasta pronto.

reser



domingo, 9 de diciembre de 2012

SE ACERCA UN NUEVO AÑO



 SE ACERCA UN NUEVO AÑ
O

Dicen que cuando se acerca fin de año los ángeles curiosos se sientan al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra. 
- ¿Qué hay de nuevo? -pregunta un ángel pelirrojo, recién llegado.
Lo de siempre: amor, paz, salud, felicidad...- contesta el ángel más viejo.
Y bueno, todas esas son cosas muy importantes.
Lo que pasa es que hace siglos que estoy escuchando los mismos pedidos y aunque el tiempo pasa los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo.
 
¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos? - Dice el más joven y entusiasta de los ángeles.
¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo? - pregunta el anciano.
Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel pelirrojo se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta los últimos minutos del último día del año.
Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada. Entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía:
"Un nuevo año comienza. Entonces, en este mismo instante, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor:
sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos policías y más maestros, con menos cárceles y más escuelas, con menos ricos y menos pobres.
Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y adultos, hasta sentir que un calor va pasando de un cuerpo a otro, el calor del amor, el calor que tanta falta nos hace.
Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad".
Desde el borde de una nube, allá en el cielo, dos ángeles cómplices sonreían satisfechos.

(Copiado de internet)





Queridas amigas, os deseo unas felices fiestas de Navidad, que 2013 sea mejor que esta que se acaba.
Gracias por vuestra amistad.
Roser
 

jueves, 29 de marzo de 2012

RECORDANDO UN CUENTO


Durante un par de meses en el blog de Compartirexperienciasyaprender (nuestra plaza de la amistad) no hemos dedicado a escribir cuentos, nuestra amiga Conchi los iba poniendo en su blog sin el nombre de autor/a. Actualmente estamos en la fase de adivinar de quien es cada uno. De verdad que nos lo pasamos fenomenal.

Cuando empece a escribir los míos recordé uno que les explicaba a mis nietos cuando eran más pequeños y de quedaban en casa a dormir

Al mayor le gustaban los cuentos de miedo, cuando le tocaba elegir a él siempre me pedía el mismo. Como era inventado a veces iba cambiando la trama, entonces el pequeño que estaba con la cabeza tapada con la sabana me decía: "yaya, eso no era así" ja ja y me corregía.

Hoy hago la entrada con dicho cuento:


EL MONSTRUO DE LAS CUATRO CABEZAS

Eran tiempos en que convivían seres fantásticos y humanos.

En un país cuyo nombre no recuerdo, Vivian aterrorizados por un monstruo que arrasaba todo lo que encontraba a su paso si su gente no le daba lo que les pedía.

El monstruo era una gran serpiente con cuatro grandes cabezas, de sus ojos salían llamaradas de fuego.

Un día se presentó delante del reí diciéndole:

--Mira si no quieres que destruya todo tu pueblo y a toda tu gente, acepta este tracto: Cada año me darás a una doncella que durante el cual haya cumplido 18 años. La llevareis al bosque y la dejareis atada en un árbol para que yo la recoja y me la lleve. Si alguien me ataca destruiré todo el pueblo.

El reí y los consejeros aterrorizados aceptaron con la condición que fuese solo una muchacha cada año.

Así que cuando llegaba el día se hacia el sorteo entre las mocitas del pueblo para ver a quien se sacrificaba y los padres de la infortunada lloraban mientras los soldados se llevaban a su querida hija. Nadie se atrevía a desobedecer al monstruo, y así fueron pasando los años.

Se acercaba de nuevo la fecha de la entrega, se reunieron los consejeros y le dijeron al reí:

--Majestad, este año solo vuestra hija ha cumplido 18 años, debéis entregarla a la serpiente.

--No, mi hija no. Solo la tengo a ella.--Decía desconsolado el rey

--Señor, a muchos padres les ha pasado lo mismo, yo mismo entregue a mi hija hace dos años. Vos debéis hacer lo mismo sino todos moriremos.

--Mandare a matar al monstruo!! Dad ordenes que salgan los mejores tiradores de reino . El que venga con tan solo una cabeza de la serpiente se casará con la princesa.

Salieron los mozos más valientes, pero pasaron las semanas y no volvían. La princesa que sabía la suerte que le esperaba lloraba desconsolada aunque comprendía que debía cumplir con el deber de salvar un año más a su pueblo. Muchas jóvenes habían dado la vida y ahora le tocaba a ella.

Una tarde estaba sentada junto a la ventana cuando vio llegar un apuesto joven en un caballo negro como la noche sin luna. Se cruzaron sus miradas y en sus corazones ardió el fuego del amor. El joven llegaba atraído por el infortunio de las jóvenes de aquel reino. Hablo con el reí diciéndole:

--Señor, estoy dispuesto a enfrentarme con la serpiente y vencer.

--Hijo, quiero que sepas que muchos hombres fuertes y buenos arqueros ya partieron en busca de ella y jamás regresaron. Que te hace pensar que tú vas a poder vencerla.

--Señor, dejar que lo intente, vuestra hija y yo nos hemos enamorado, si ella ha de morir yo también.

El día señalado llevaron los soldados a la princesa al bosque, la ataron en un árbol.

En la solitud de aquel bosque para tranquilizarse pensaba en las últimas palabras de su amado –Yo estaré cerca!!

De repente los animales corrían, los pájaros callaron, un silencio se sentía en el bosque, allá a lo lejos se veían caer matojos y arbustos entre la selva retumbaban ahora unos rugidos ensordecedores. Allá entre los arboles asomaban las horribles cabezas con sus ojos de fuego y la princesa aterrorizada pensaba --¿ Donde esta mi salvador? . Cerraba los ojos para no ver como se acercaba y pedía a Dios que se acabara pronto su tormento.

Ladón

La princesa con los ojos cerrados ya sentía el aliento del animal. De pronto algo muy pesado cayó al suelo. Ya no sentía la respiración. Pasado unos interminables minutos abrió los ojos, allí a sus pies estaba muerta la serpiente de las cuatro cabezas. Junto a ella con la espada hundida en el corazón del animal estaba el joven enamorado que había conseguido librarla a ella y a todo su reino de la maldad y el terror.

El joven había esperado al monstruo al pie del árbol donde estaba atada la princesa, tapado con ramas y hojarasca. Él sabia que la serpiente solo estaría pendiente de la princesa y no repararía en él y así fue como con su astucia venció

Los jóvenes se casaron y al paso de los años reinaron con bondad y sabiduría siendo muy felices

Fin

Al acabar fuertes besos, la luz apagada y a dormir

Amigas, gracias a todas por vuestro tiempo. Hasta otra.

reser

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA MONTAÑA DE LA JUVENTUD

Un hombre joven que estaba mal de salud consultó con los médicos más famosos y eruditos del país. Después de hacerle muchas pruebas complicadas y complejas, le dijeron que padecía una enfermedad muy rara y que sólo le quedaban unas semanas de vida. Le informaron que su única esperanza residía en consultar a un anciano que sanaba a quienes padecían las enfermedades más incurables. El anciano, según dijeron, vivía en la cumbre de la montaña más alta, en el lugar más escabroso e inaccesible del país.

El joven se sentía extremadamente débil por la larga enfermedad. Sus piernas estaban delgadas, su torso frágil y enjuto; sin embargo, tenia una firme voluntad de vivir. Con la ayuda de familiares y amigos, preparó un pequeño morral con provisiones. Lo trasladaron hasta al pie de la montaña, justo hasta el nacimiento de un sendero bordeado de zarzas. Era pleno verano. El sol, abrasador. El joven arrancó unas pocas zarzamoras, se las llevo a la boca y, con sensación de fatiga y decisión, emprendió el ascenso.


Los primeros días fueron arduos y desalentadores para él. Su mente estaba resuelta, pero su cuerpo se resistía. Le resultaba difícil respirar: parecía que el aire que reunía en los pulmones nunca le alcanzaba hasta la siguiente inhalación. Le dolían los pies por la falta de costumbre; estaban hinchados y sensibles por las piedras afiladas que los presionaban a través de los delgados zapatos. Pero persistió. Trepaba unos metros más cada día, chupaba zarzamoras y remojaba los pies doloridos en el agua fresca del arroyo que corría paralelo al sendero. Cada vez que se detenía para aliviar sus pies cansados, también se salpicaba la cara y los ojos con agua fresca. Poco a poco esta rociada se transformo en uno de sus mayores placeres; después siempre se sentía vigorizado y se revivía su entusiasmo por el viaje. Prosiguió así, reuniendo fuerzas lentamente, hasta que unas semanas más tarde logró recorrer algo más de un kilómetro diario.

Para entonces, casi no le quedaban provisiones, ya que ni él ni su familia se les había ocurrido que el trayecto sería tan largo y escabroso. Las primeras semanas, cuando todavía estaba cerca de la civilización, a veces encontraba a algún pastor de cabras que le daba un poco de queso y pan. Pero no era muy frecuente, y luego no vio a nadie. Por necesidad comenzó a recoger alimentos silvestres: verduras,frutos secos,bayas y frutas. Al principio se sentía medio muerto de hambre por esta dieta tan severa, mas al fortalecerse notó que si masticaba más tiempo los alimentos, éstos resultaban más nutritivos. Bebía abundante agua fresca, que le ayudaba a satisfacer el hambre y le nutría.


A un ritmo gradual, casi imperceptible, los días se extendieron en semanas y meses. Por fortuna, el joven llevaba ropa extra, ya que los días eran más cortos y frescos, y debía moverse para mantener el calor corporal. A medida que se aproximaba el invierno, comenzó a dormir en cuevas o en troncos huecos, y llegó a ser muy hábil para encontrar un refugio abrigado y seco para pasar la noche. Como éstas eran frías y por lo general tormentosas, se acostaba temprano y se ponía en camino con las primeras luces.

El sendero, que antes había sido tan fácil de seguir, ahora estaba cubierto de plantas silvestres y barro resbaladizo . Bajo condiciones tan difíciles, el joven se forzado a confiar cada vez más en sus instintos.

Se convirtió en un observador sagaz de las plantas y de los animales que compartían esta ermita aislada; aprendió a saber cuando habría tormentas por la aroma del aire; de reconocer los hábitos de ciertos insectos y animales al observar las alteraciones y los cambios sutiles de la vegetación; a caminar quedamente,casi sin producir sonido alguno, para no asustar a esos animales con su presencia; también aprendió que si se frotaba la piel y la ropa con ciertas plantas silvestres, el olor de su cuerpo se semejaba más a la montaña.

El invierno transcurrió lentamente y dio paso a la primavera.

El joven nunca había pasado tanto tiempo solo; sus únicos acompañantes eran los animales cuyo rastro seguía y un pájaro amistoso que parecía escoltarle montaña arriba. Cada tanto su mente evocaba a la familia y a los amigos, pero el trabajo diario de escalar y sobrevivir le mantenía demasiado ocupado para dedicarle mucho tiempo al pasado. En los momentos de duda o frustración pensaba en el anciano que moraba en la cumbre de la montaña y que podría curarle. Esta visión le proporcionaba inspiración constante para continuar el arduo trayecto

La cumbre de la montaña era plana como la tabla de una mesa y parecía ser un refugio para halcones, que deban vueltas por encima, subían a gran velocidad flotando en las corrientes del aire caliente, luego bajaban con lentitud y descendían otra vez. Eran tan serenos y ligeros como el viento, y el joven pasó mucho tiempo tendido de espaldas, contemplando cómo ejecutaban esa hermosa danza.

La nubes, esplendidas y esponjosas, flotaban y a través de él,hasta que comenzó a sentirse tan próximo a los cielos como distante de la tierra. Fue un momento de silencio y reflexión.

La tabla no era extensa. La recorrió en todas direcciones, miró detrás de las rocas y los matorrales, y gritó con todas sus fuerzas para que el anciano que él había ido a consultar supiera que había llegado. Más no había signos de vida, sólo el eco de su propia voz, que rebotaba en las rocas y regresaba misteriosamente a sus oídos. De hecho, no existían indicios de que alguien hubiera vivido antes allí; no encontró un refugio, huellas, nada que indicara que la tierra o la vegetación hubiesen sido alteradas por la presencia del hombre.

Primero el joven se sintió irritado y muy decepcionado; maldijo al anciano por no estar allí y golpeó los pies con furia contra la tierra endurecida. Se había esforzado tanto por llegar y ahora no había nadie con quien consultar, nadie que le curara de su terrible enfermedad. Pero al cabo de unos días de infructuosa búsqueda y preocupación, dejó de pensar tanto en el anciano y reflexionó sobre la calma y la serenidad que sentía en ese momento. Esa sensación era novedosa, algo que jamás había experimentado. La vida allá abajo había estado cargada de tanto sufrimiento y estrés, y el viaje había sido tan largo y difícil, que fue un gran alivio relajarse y disfrutar de la tranquilidad de la montaña. Además,estaba demasiado ocupado para meditar mucho tiempo sobre su decepción o soledad. Tenía que buscar alimentos todos los días; descubrió una colmena de abejas silvestres en un tronco; extrajo un poco de miel, y les dejó abundante cantidad para el invierno. Secó grosellas y zarzamoras; construyó una choza con ramas y tepes.



Así fue transcurriendo una estación tras otra.

El pasado se transformó en presente, y pronto sólo recordaba aquel a través de ciertos incidentes en la montaña: la primavera en que vio un avión a lo lejos; el verano que un enjambre de abejas se posó sobre la rama de un pino; el otoño en que el ciervo comenzó a comer se sus manos; el invierno que construyó un iglú; el mismo invierno durante el cual varios ciervos murieron de hambre. La vida no era fácil, pero sí plena: aunque él no la hubiera elegido, aceptó la situación y el hecho de que era la suya.

Un día muchos años después, el joven oyó voces humanas en la ladera de la montaña. Se sintió muy emocionado y corrió en todas direcciones para dilucidar de dónde procedían las voces e imaginar a quienes pertenecían.

También sintió temor. Estaba tan acostumbrado a los sonidos del viento y los cantos de los pájaros, que los ruidos que ahora llegaban a sus oídos le resultaban extraños y aterradores. Había pasado mucho tiempo sin pronunciar palabras, aunque era capaz de imitar a casi todos los pájaros y de oír, oler y percibir prácticamente cualquier cosa que ocurriera en la cima de la montaña.

Las voces se volvieron más fuertes y claras. El joven comenzó a pensar en su apariencia. ¿Que aspecto tenía?. Hacía años que no se afeitaba ni se daba un buen baño. ¿Su aspecto desaseado asustaría a esas personas?. Corrió al manantial, se aclaró todo el cuerpo con agua fresca y se acomodó el pelo hacia atrás con los dedos. A pocos pasos del burbujeante manantial se extendía una pequeña laguna, donde un tejón había construido un dique con barro y ramas. Avanzó hacía la laguna a toda prisa, se inclinó y contempló su propio reflejo en el agua apacible y silenciosa. 'Cuánto había cambiado! Su cuerpo se veía firme y curtido por los prolongados inviernos en la montaña. Estaba esbelto como una gacela, y su piel era tan brillante y clara como el arroyo. Su cabello, largo y enredado, le llegaba hasta casi la cintura. Su rostro estaba oculto detrás de una barba gris enmarañada, que acumulaba ramitas y desperdicios, como si se dispusiera a albergar el nido de un pájaro.

Cuando regresó a la choza, los extraños ya se encontraban allí, sentados fuera, sobre las grandes rocas. No dijeron nada; durante unos minutos los viajeros y el anciano sólo se miraron , compartieron el silencio de la montaña , la danza del viento, la música que susurraban los árboles. Los viajeros le ofrecieron algunas provisiones especiales de allá bajo y observaron divertidos mientras él probaba, olía y frotaba cada cosa como si fuera una piedra preciosa.

Luego le relataron la historia de su propio viaje, largo y difícil, hacía la cumbre de la montaña: cómo habían emprendido la ascensión muchos años antes, débiles y a punto de morir, con la esperanza de encontrar al famoso anciano que podría curarlos de sus terribles dolencias. Y ahora, por fin, después de tantas penurias y sufrimientos, estaban aquí, rebosantes de júbilo por haber hallado a este anciano del que tanto habían oído hablar, que tan famoso era por curar enfermedades incurables. Aunque ahora, por fortuna, no necesitaban sus servicios,ya que el largo y difícil viaje les había restituido la salud perfecta.

Cuento extraído del libro " El arte de vivir bien" de Svevo Brooks

Deseo , amigas que paséis por aquí, que os guste. Gracia a todas!!

reser

miércoles, 13 de julio de 2011

LAS JUDÍAS MÁGICAS

Estamos en verano y es época de recolectar las cosas del huerto. Hace unos días que ya cojemos judías verdes. Cada vez que entro entre las matas, me viene a la mente el cuento que tanto gustaba a mis nietos cuando eran más pequeños.
Cuando los padres se tenían que ir muy temprano a trabajar los niños se quedaban a dormir en casa, así no tenían que levantarse tan pronto. En la habitación tenemos literas, pues bien, los dos querían dormir en la de abajo por lo que se iban turnando, una noche cada uno.
A la hora de ir a dormir,el que le tocaba la cama de abajo ya me hacia sitio para que me acostara a su lado, y así escuchar con atención el cuento de turno. Unas veces me lo inventaba, otras eran de los de toda la vida. El más solicitado era la judía mágica.
Y este es el que me viene a la mente cuando estoy recogiendo judías en el huerto. Os lo cuento:

Erase una vez una viuda que vivía en una casita en el campo con su hijo Juan. Eran muy pobres y su trabajo consistía en vender la leche y la mantequilla que les deba una vaca a la que llamaban linda. Pero hubo un día que...
--Linda, ¿que te pasa? ¿no tienes más leche? Dijo Juan.
--Tendremos que venderla para sacar un poco de dinero, porque sino tenemos leche no podemos hacer queso ni mantequilla.Dijo la madre.
--No te preocupes, mamá, yo venderé la vaca a un buen precio.-- Dijo el hijo
Al día siguiente, Juan se llevo a Linda para venderla en el pueblo. En el camino se cruzó con un extraño viejecito que le habló así:
--Buenos días joven. ¿Me equivoco o vas a vender esa hermosa vaca?
--No se equivoca, buen hombre.- contesto Juan.
--Yo quiero comprarla y además, te daré cinco judías mágicas. Si las plantas por la noche, al día siguiente habran crecido tanto que llegaran hasta el cielo.
A Juan le encantó la idea, de modo que cambió su vaca por las judías y se fue muy contento a su casa.
--Mira mamá, he traído unas judía mágicas que he cambiado por la vaca.
--Pero que has hecho?¡como van a ser mágicas ! Ya estas con tus fantasías.
Y enfadada, la madre de Juan tiró las judías por la ventana.



Cuando despertó al día siguiente vio algo maravilloso: Las judía eran mágicas de verdad y una de ellas había crecido hasta el cielo. Juan emocionado, subió y subió por la judía hasta que vio un camino que le llevo a una casa en la que había una señora.
--amable señora, podría darme algo de comer?
--¡Tienes que marcharte, porque aquí vive un ogro que se come a los niños como tú!
--Bueno, pues me arriesgaré.-- Dijo Juan.--Me gustaría verlo.
La buena mujer le preparo una tostada con mantequilla y mermelada, un vaso de leche y un pastel.
De pronto, el suelo retumbó: Plam, plam, plam.

--¡Es mi marido, rápido escóndete en el radiador!
--Mujer, aun no está listo mi desayuno?.- grito el ogro.--Pero ¿que es este olorcito que me viene a la nariz? ¡Huelo a carne fresca de jovencito!
--Te confundes, querido.-Dijo la mujer.-Lo que pasa es que estoy haciendo sopa con los huesos del niño que te comiste ayer. Cómete esta comida tan rica.
Y le puso en la mesa jamones, pollo asado y huevos.
Entonces el ogro después de comérselo todo se quedó dormido encima de la mesa dejando una bolsa de monedas de oro.
--Aprovecharé que esa dormido para escaparme.- Dijo Juan y cogió la bolsa con las monedas echando a correr hacia la judía. Cuando empezó a bajar el ogro despertó y lo siguió.
--Mamá, mamá! ¡ trae el hacha, que viene el ogro.-Gritó Juan.
--¿Que ogro?.-Preguntó la madre.
--Corta la judía, corta la judía, que me pilla!
--Me las pagaras!.- Decía el ogro.
Y cuando empezó a cortar , el ogro se dio cuenta que se iba a caer contra el suelo y le suplicó:
--¡Por favor, no siga cortando, me vuelvo a mi casa!.
Y se alejó sin que se volviera a saber de él. Desde entonces, Juan y su madre vivieron muy felices y, gracias a las monedas y a otra vaca que compraron no les volvió a faltar comida.

Y esto es todo por hoy.
reser

domingo, 5 de junio de 2011

EL VIEJO DEL CASTILLO


siempre que miraba por la ventana, veía en la lejanía , el gran castillo. Sabia que estaba habitado. Contaban infinidad de rumores sobre sus dueños. Que si eran magos, si traficantes de armas y personas, incluso que si eran científicos haciendo terribles experimentos. Nadie los conocía. El castillo estaba ubicado en la cima de la montaña entre bosques al que se llegaba por caminos poco transitados. Eran los años cincuenta y la gente era muy supersticiosa.

Jorge estaba obsesionado con el castillo. Por las noches desde su cama divisaba las luces y se preguntaba quien serian sus habitante. Su familia no hablaban nunca de ellos, cambiaban de tema en cuando él les preguntaba.

Una tarde se encontró caminando por el camino que atravesaba el bosque. La sombras de la noche hacían acto de presencia, sus padres estarían intranquilos. Volvió sobre sus pasos pensando que ya iría otro día.

Era fin de semana. Jorge le dijo a sus padres que iba de acampada con unos amigos. Se preparó la mochila con bocadillos y agua. Con decisión se encaminó hacía el bosque.

A media tarde llegó a la falda de la montaña. Subió el gran desnivel hasta alcanzar el bosquecillo que rodeaba al castillo. Era ya de noche. Se dispuso a descansar y dormir allí mismo.

Las luces de la mansión estaban encendidas. Una figura iba y venia detrás de la ventana. La curiosidad le llevó hacia el patio. Se acomodó entre los arbustos .

No podía dormir, admiraba la elegancia y la grandiosodad de aquella casa ¡afortunados los que allí vivían!. De repente en la ventana aparece una nueva sombra. Parece que discuten. Dios ¡un cuchillo, le ha clavado un cuchillo!! Siente el grito!. Tiene que hacer algo. Lleva un silbato colgado del cuello y sin pensárselo lo sopla con fuerza. Va corriendo hacia la casona gritando:-- Ya vamos señor. Pensó que si el malhechor creía que iban varios huiría.

Alguien sale corriendo. El chico entra por la puerta que ha dejado abierta el hombre que se ha dado a la fuga.

En el suelo, un hombre, un viejo, esta tendido todo ensangrentado.

–.Señor, señor, ¿me oye?.

--Quien eres tu? ¿de donde sales?

--No se preocupe señor, ¿como está? Voy a buscar ayuda, pero antes haber si puedo parar la hemorragia. ¿Tiene vendas?

Sergio fue a buscarlas donde el anciano le indicó. Limpió y taponó la herida con destreza por algo estaba haciendo módulos de enfermería. Ahora si llamaría al medico.

Mientras esperaban, el anciano lo contó que vivía solo desde hacía muchos años.

--¿No tiene hijos? En el pueblo nadie habla de ud.

El hombre calló, no sabia si debía confiar al chico sus pesares, sus remordimientos y todo debido a su orgullo.

--Ay.. hijo me veo solo por mi orgullo, por mi ofuscación. Tengo.. tenia una hija hermosa como una flor. Se enamoró de un don nadie y la eche de casa. Nunca más la he visto. Desde entonces estoy solo, los sirvientes también marcaron. ¡Cuanto lo siento! Tal vez muera sin volverla a ver, sin poder pedirle perdón. Gracias a ti estoy vivo todavía.

Llegan los médicos, se lo llevan al hospital, Jorge va con él .

Adriano ,que así se llama el hombre, debe quedarse ingresado ya que perdió mucha sangre. A la mañana siguiente al ser de día, Jorge se marcha diciéndole que volverá a verle.

Al llegar a casa les cuenta a sus padres lo ocurrido. Los padres se miran inquietos, callados. En sus caras hay miedo, angustia. Jorge no ha visto nunca así a sus padres ¿que les pasa? ¿sera que están enfadados porque les dijo una mentira? Ellos no hablan.

Cada día cuando sale del instituto se llega al hospital para hacer compañía al anciano. Más tarde toma el autobús para ir a casa que esta a diez kilómetros.

En sus horas de conversación, Jorge la explica el porque se encontraba aquel día en su jardin, la fascinación que siempre ha sentido por el castillo, que había mentido a sus padres para poder subir..

Adriano, está a punto de salir del hospital. De pronto le dice al joven :

--Chico, todavía no sé a donde vives ni quienes son tus padres y familia. Quisiera conocerla para decirles lo muy agradecido que te estoy. Quisiera que aceptasen que me hiciese cargo de tus estudios. Sabrás que tengo gran fortuna y a nadie a quien dejarla .

__ Mi madre se llama Isabela y mi padre Manuel, señor, no tengo hermanos, ni abuelos.

Adriano queda pálido como la cera. No puede ser!

--Señor,¿que tiene, que le pasa?

--¿Como es posible? -- Llora el hombre—Les has contado a tus padres lo nuestro? ¿que te han dicho?.

--Si les conté que le habían asaltado y que cada día vengo al hospital. No dicen nada. Es muy extraño, solo se miran y se les ve tristes.

Habían pasado dos semanas desde los hechos. Adriano abandona el hospital. En un taxi se presenta en casa de Jorge. Cuando Isabela abre la puerta, mira al hombre.

--¿Puedo pasar hija?. Perdón por todo el mal que os he hecho. Perdón por los años que han pasado sin venir. Perdón por no comprender tu amor por Manuel. Si no lo haces lo comprenderé. Dios me envió a mi nieto para salvarme la vida. Soy un viejo egoísta, si no quieres saber de mi lo entenderé.

Isabela conmovida abrazó a su padre y así les encontró Manuel y Jorge al entrar en casa.

Fin

lunes, 7 de febrero de 2011

SUEÑOS DE UN PUEBLO

EL SUEÑO DE ÁGUILA AZUL

En un pequeño poblado indio nació un niño de una pareja que se quería muchísimo.

Era un pueblo oprimido por el cacique de la nación, había prohibido sus ritos, su lengua y sus tradiciones.

Para que el pueblo se extinguiera, el cacique, animó a los habitantes de otros pueblos con otra cultura y otra lengua a que fueran a vivir al pequeño poblado y así dejar mermado al sus habitantes.

Estrella Brillante y Ciervo Veloz, que eran los padres del recién nacido al que habían puesto por nombre Águila Azul hacían esfuerzos para que su cultura no desapareciera enseñando a los niños todo lo que sus padres les habían enseñado a ellos.

Muchos de los recién llegados al poblado se integraban y llevaban en secreto a sus hijos a la escuela de Ciervo Veloz.

Luchando pacíficamente consiguieron con los años que fueran reconocidos sus derechos y que sus tradiciones afloraran fortaleciéndose. Pero les quedaba mucho por hacer ya que económicamente les seguían discriminando, pues tenían que entregar casi todo lo que producían a los demás pueblos y cada día estaban más asfixiados.

Pasaron los años y Águila Azul se hizo mayor convirtiéndose en el jefe de la tribu y como tal participaba en todos los encuentros de la asamblea de la nación exponiendo los problemas de su pueblo: la falta de recursos para los campos, la desaparición del ganado, la falta de plantas medicinales para el hechicero, etc. Algo había mejorado sobre todo en la lengua,que a pesar de que en el pueblo se hablaban varios idiomas todos se entendían y vivían en paz.

Como la gente que vivía en el poblado era muy trabajadora eran el motor de la nación hasta que una gran crisis y más emigración dejo el poblado otra vez casi en la miseria. Había familias que pasaban hambre porque la pesca y la caza estaban casi agotadas, a las escuelas les faltaban recursos, en los pequeños hospitales que habían creado también, estaban ahogados por los impuestos a que estaban sometidos por los nuevos caciques, no ven el fin de sus males ya que un malvado le daba por decir, que todo el mal era de los pueblos minoritarios, para crear enemistad de los demás pueblos contra ellos y así ganar votos para salir elegido como gran jefe.

El pueblo no se rinde, a pesar de que está oprimido intenta luchar pacíficamente para salir adelante, cada día son más los que siguen a Águila Azul.

Tan desesperados están que deciden hacer una marcha por todas las tierras y llegar más allá de donde los ríos los caminos y montañas se unen en grandes naciones y exponer a los grandes jefes sus reivindicaciones de “libertad y justicia”. Son escuchados y se vuelves a sus hogares con la esperanza que la LIBERTAD Y JUSTICIA vuelva pronto a su poblado para poder vivir en paz hermanados con las grandes naciones y así ver sus suenos realizados

Fin

Hasta pronto

reser