Repasando la carpeta donde tengo cuentos o redacciones de mis antiguas compañeras (he hablado mucho de ellas) he revivido esta que me emocionó mucho, por eso la guardé. Son confesiones de la niñez, una niñez que en aquellos tiempos era muy dura, más si eras pobre o con padres perseguidos por pensar diferente al régimen. Son confesiones que sirvieron para ir sacando del fondo del corazón angustias que atormentaban, al escribirlos una se sentía aliviada, dejabas ir lastre que hacia años te oprimía, del que no hablabas.. Esta lucha hace a las personas más fuerte, más valientes, pero, a veces, necesitas hurgar en los recuerdos para sacar fantasmas.
Voy a pedir permiso a Beatriz, seguro que me lo da, pues sabe que tengo estos escritos, si es así lo publicare.
Esta es la angustia de una niña de nueve años:

A MIS NUEVE AÑOS.
Creo que desde muy temprana edad he tenido la mirada, las manos, el corazón de vieja, no recuerdo mirarme en el espejo y ver reflejada la imagen de una dulce niña, desde los cuatro años, anduve de casa en casa hasta los nueve , en que se acabo mi vida sin rumbo para ir a parar donde al principio de mis días encontré la mas triste y absoluta soledad.
Aun recuerdo con tristeza la sensación de abandono en un castillo, donde el gran portalón de la entrada me pareció la boca de un inmenso dragón, que al pasar me tragaba y de donde nunca podría salir.
Estaba muy acostumbrada a tragarme las lagrimas, por eso creo que siempre he tenido problemas de ojos secos y sin brillo, la vida me enseño que llorando no se consigue nada, eso ya me lo traía aprendido de casa.
Me sentía como una figurita que cambian de estante, y no cuadra en ningún sitio.
Por la noche cuando me asignaron la cama en el dormitorio del castillo, lo primero que pensé cuantas niñas ..estarán tristes como yo..¡¡ y las veía contentas parecían felices.. quizás lo eran, eso quería creer.

Una vez entre sabanas me tape la cabeza y hay fue donde maldecid una y otra vez.. haber corrido tanto en tan pocos años de vida y llore, y llore con mucha rabia e impotencia, de no poder luchar contra nada.. como me hubiera gustado cerrar los ojos y no volver abrirlos, el cansancio me hizo caer en un sueño, del que no me hubiera gustado haber despertado, pero es cierto que por las noches todo se ve mas negro de lo que en realidad es y por las mañana lo ves todo distinto..¡¡ claro desde la mirada de una niña.
Beatriz, Tal vez fue verdad lo que nos decían: "Todos tenemos un ángel de la guarda que nos protege"

Sobrevivimos y también llego la felicidad. Gracias por darme tu permiso para publicarlo. Abrazos cariñosos.
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