miércoles, 13 de julio de 2011

LAS JUDÍAS MÁGICAS

Estamos en verano y es época de recolectar las cosas del huerto. Hace unos días que ya cojemos judías verdes. Cada vez que entro entre las matas, me viene a la mente el cuento que tanto gustaba a mis nietos cuando eran más pequeños.
Cuando los padres se tenían que ir muy temprano a trabajar los niños se quedaban a dormir en casa, así no tenían que levantarse tan pronto. En la habitación tenemos literas, pues bien, los dos querían dormir en la de abajo por lo que se iban turnando, una noche cada uno.
A la hora de ir a dormir,el que le tocaba la cama de abajo ya me hacia sitio para que me acostara a su lado, y así escuchar con atención el cuento de turno. Unas veces me lo inventaba, otras eran de los de toda la vida. El más solicitado era la judía mágica.
Y este es el que me viene a la mente cuando estoy recogiendo judías en el huerto. Os lo cuento:

Erase una vez una viuda que vivía en una casita en el campo con su hijo Juan. Eran muy pobres y su trabajo consistía en vender la leche y la mantequilla que les deba una vaca a la que llamaban linda. Pero hubo un día que...
--Linda, ¿que te pasa? ¿no tienes más leche? Dijo Juan.
--Tendremos que venderla para sacar un poco de dinero, porque sino tenemos leche no podemos hacer queso ni mantequilla.Dijo la madre.
--No te preocupes, mamá, yo venderé la vaca a un buen precio.-- Dijo el hijo
Al día siguiente, Juan se llevo a Linda para venderla en el pueblo. En el camino se cruzó con un extraño viejecito que le habló así:
--Buenos días joven. ¿Me equivoco o vas a vender esa hermosa vaca?
--No se equivoca, buen hombre.- contesto Juan.
--Yo quiero comprarla y además, te daré cinco judías mágicas. Si las plantas por la noche, al día siguiente habran crecido tanto que llegaran hasta el cielo.
A Juan le encantó la idea, de modo que cambió su vaca por las judías y se fue muy contento a su casa.
--Mira mamá, he traído unas judía mágicas que he cambiado por la vaca.
--Pero que has hecho?¡como van a ser mágicas ! Ya estas con tus fantasías.
Y enfadada, la madre de Juan tiró las judías por la ventana.



Cuando despertó al día siguiente vio algo maravilloso: Las judía eran mágicas de verdad y una de ellas había crecido hasta el cielo. Juan emocionado, subió y subió por la judía hasta que vio un camino que le llevo a una casa en la que había una señora.
--amable señora, podría darme algo de comer?
--¡Tienes que marcharte, porque aquí vive un ogro que se come a los niños como tú!
--Bueno, pues me arriesgaré.-- Dijo Juan.--Me gustaría verlo.
La buena mujer le preparo una tostada con mantequilla y mermelada, un vaso de leche y un pastel.
De pronto, el suelo retumbó: Plam, plam, plam.

--¡Es mi marido, rápido escóndete en el radiador!
--Mujer, aun no está listo mi desayuno?.- grito el ogro.--Pero ¿que es este olorcito que me viene a la nariz? ¡Huelo a carne fresca de jovencito!
--Te confundes, querido.-Dijo la mujer.-Lo que pasa es que estoy haciendo sopa con los huesos del niño que te comiste ayer. Cómete esta comida tan rica.
Y le puso en la mesa jamones, pollo asado y huevos.
Entonces el ogro después de comérselo todo se quedó dormido encima de la mesa dejando una bolsa de monedas de oro.
--Aprovecharé que esa dormido para escaparme.- Dijo Juan y cogió la bolsa con las monedas echando a correr hacia la judía. Cuando empezó a bajar el ogro despertó y lo siguió.
--Mamá, mamá! ¡ trae el hacha, que viene el ogro.-Gritó Juan.
--¿Que ogro?.-Preguntó la madre.
--Corta la judía, corta la judía, que me pilla!
--Me las pagaras!.- Decía el ogro.
Y cuando empezó a cortar , el ogro se dio cuenta que se iba a caer contra el suelo y le suplicó:
--¡Por favor, no siga cortando, me vuelvo a mi casa!.
Y se alejó sin que se volviera a saber de él. Desde entonces, Juan y su madre vivieron muy felices y, gracias a las monedas y a otra vaca que compraron no les volvió a faltar comida.

Y esto es todo por hoy.
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