
Si existe una imaginación desbordante ante las adversidades, una rebeldía ante la miseria, fue la del gran cocinero Ignacio Doménech, que llegó a encontrar la fórmula para hacer una tortilla de patatas sin huevo y sin papas, algo digno del mejor laboratorio del mundo, aunque también es cierto que hace años una muy famosa marca de mayonesa española, en una inspección de sanidad, se le descubrió que hacía este componente sin huevo, es más, no encontraron en toda su fábrica ni uno, por lo que fue sancionada.
La composición del 'no-huevo' para la tortilla de Ignacio Doménech es toda una obra de arte de la gastronomía y que hacía frotando un ajo en el fondo de un plato sopero, al que añadía tres o cuatro gotas de aceite, sal, cuatro cucharadas soperas de harina, una cucharadita de bicarbonato, un poco de pimienta blanca en polvo, entre ocho y diez cucharadas soperas de agua. Esta pasta se batía hasta que quedaba sin grumos, se dejaba reposar unos diez minutos y se obtenía el equivalente a cinco huevos.
Para las patatas, otra maravilla gastronómica, tomaba la corteza gruesa de tres naranjas, rayaba toda la parte color naranja hasta que quedara sólo la blanca, después se cortaba en trocitos muy menudos y aplanados, como se hace con las patatas.
Estas cortezas de naranja las ponía a hervir durante dos o tres horas para quitarles el gusto, después las escurría bien, las sazonaba de sal y las ponía a freír como si fueran auténticas patatas, añadiéndoles un poco de cebolla.
Una vez terminada esta operación se mezclaba con el 'no-huevo' y se hacía la tortilla que daba para tres personas
Este ejemplo nos puede dar una triste idea del hambre que podía pasarse y la carencia que había de alimentos esenciales para la supervivencia entre los pobres, que eran la mayoría de los españoles, más de la mitad de ellos al menos, los derrotados. Este estado de cosas perduraron entre cinco y diez años, dependiendo del lugar, no fue algo puntual en la historia de España.
En los últimos meses de la Guerra Civil, en la zona republicana, el caos se fue apoderando del abastecimiento de los suministros, así como en los tres o cuatro años siguientes al final de la contienda, donde las mujeres hacían colas agotadoras de hasta 12 horas para conseguir un litro de leche, que sólo daban con receta médica, o lo que esa semana estaba estipulado para las cartillas de racionamiento, que no necesariamente cubría las más mínimas necesidades alimenticias del pueblo,

Importante es reseñar como el estado franquista evaluaba las necesidades alimenticias del pueblo, dependiendo del sexo y de la edad de las personas, y así encontramos que en el Boletín Oficial del Estado (desde ahora BOE), de fecha 1 de julio de 1939, la siguiente orden que me he permitido poner en forma de tabla para que se comprenda mejor:
TIPO DE INDIVIDUO
PAN CARNE PATATAS CAFÉ
Hombre adulto 400 grs. 125 grs. 50 grs. 10 grs.
Mujer adulta 320 grs. 100 grs. 40 grs. 8 grs.
Niños hasta 4 años 240 grs. 75 grs. 30 grs. 6 grs.
Ancianos más de 60 320 grs. 100 grs. 40 grs. 8 grs.
Esta exigua cantidad de alimentos era una quimera para la mayoría de la población porque, como hemos visto, no existían en el mercado, al menos al alcance de las clases menos favorecidas, ni carne, ni pan, por poner unos ejemplos.
Esto también es una de tantas cosas que estan dentro de la "memoria historica" de nuestro pais, la miseria, además de la represion, los encarcelamientos y asesinatos de la era franquista.
La memoria debe servir para que estas cosas no vuelvan a suceder jamás



